El Manifiesto del Imitador: De la Torrija al Vacío
Semana Santa, época de recogimiento… y el azúcar de esas torrijas directo al cerebro: pum, ideas a la cabeza. Eso me pasa por descansar y no tomar café. Teclitas, ya sabes: procura solo trabajar para no entrar en análisis existenciales; si no tenemos algo que analizar, lo inventamos… ¿o no?
Y empecé pensando: ¿Qué somos?
¿Programadores? No, ya no. Ahora somos desarrolladores. A veces, solo copy-paste. Otras —ahora casi siempre— luchadores de IA. A mí me gusta más el término constructores. Y si el público lo permite… CREADORES.
Pero bah. Todos sabemos lo que somos: imitadores.
Imitadores de los malos. Porque ni siquiera conocemos bien lo que imitamos. O tal vez no queremos descubrirlo. O quizás no queremos exponerlo. Hemos profesionalizado tanto la imitación que ni siquiera la vemos.
Hemos aprendido a traducir fe en lenguajes diversos para una máquina que alguien inventó.
dotnet new
dotnet build
dotnet run
(Y PUM: manifestación activada).
Desde aquel papel garabateado hacia la magia. O hacia la realidad no tangible; dentro de una máquina, sí, pero real. Hemos elevado los impulsos y la vibración al lenguaje natural... Qué loco, y lo hacemos día a día. Ya sé, bajemos a tierra (irónico, ¿verdad?, para nosotros que vivimos en la continua abstracción).
Mientras la neurociencia y la física cuántica nos hablan de que:
Solo un 5% es consciente y es donde "creemos" tomar decisiones —perdón para los front-end— (interfaz).
El 95% es subconsciente, manejado por una programación invisible (backend).
Lo sólido es solo vibración, con un 99% de vacío…
Puf, me explota la cabeza. Dime que tú también lo piensas. Como nuestro código: un 99% vibración (¡mientras esté enchufado, claro!). Pero esto me asusta más: ¿mi sueldo también? ¿Es solo vibración no sólida? Parece que sí; tal como viene, se me va… tiene sentido.
¿La realidad es solo la transformación de la vibración a interfaz interpretada por un compilador? (Demasiado tiempo y azúcar para mi mente...).
Pero, lamentablemente, preferí seguir con el azúcar y adentrarme en el mundo oscuro de Docker y Kubernetes. Ahí estamos, manejando los mundos cuánticos y los infinitos sin enterarnos. Empaquetamos realidades enteras en mundos aislados y portátiles, creando universos paralelos que lanzamos a cualquier nodo del multiverso para ser gestionados por K8s.
Escalamos, curamos, entrelazamos; el azar modulado. Construimos nuestro propio tejido cuántico: superposición de pods, entrelazamiento de servicios y escalado automático en el vacío infinito del cloud.
Si estamos creando sistemas que simulan el infinito... ¿por qué nuestro propio cluster interno (la mente) sigue sin métricas y con pods zombies de traumas del 2017? Si logramos aquello, ¿qué pasa con nosotros? ¿No somos capaces de hacer nuestro propio refactor? ¿Somos solo vagos? ¿O es que no queremos desplegar nuestra propia mierda interna en el Kubernetes cuántico de la vida?
Al final es hacer lo mismo: ingeniería inversa del sistema que no conocemos. Qué complicados somos si no conocemos los secretos y las herramientas: observar, analizar, tracear, health checks y métricas. Atacar los cuellos de botella (esos pods zombies de creencias, miedos…). Ahí está.
¿Somos el único compilador con autoconciencia? ¿O será la autoconciencia la que genera los bugs más jodidos? ¿Somos tan vagos que queremos replicar lo humano sin errores? ¿Generaremos IAs con autoconciencia? ¿Arreglaremos la nuestra? ¿O será la autoconciencia y los bugs lo que nos hace evolucionar?
¿Tendrán nuestras IAs que generar sus propios bugs para ser reales?¿O ya los tienen
y somos nosotros?
La próxima vez... solo tomaré café.
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