TeclitasZen

Madre dev multitasking que compila intuiciones

Be water, devs.

Developers, ¡que llega el verano! Deseado y temido a la vez.


Un año esperando las ansiadas vacaciones para, por fin, cerrar el portátil. Dejar de ser productivos. En fin, lo que viene siendo dejar de pensar.


Y por fin ha llegado.


Solo nos queda sobrevivir a esa última semana prevacaciones en la que curras más que en el último mes. Dejarlo todo terminado. O, al menos, lo suficientemente bien traspasado para que nadie se acuerde de ti.


Y, por fin, liberarnos de pensar.


Pero, seamos sinceros, ese primer día seguimos en modo alerta. Imaginamos bugs. Desastres. Normal, después de pasarnos todo el año viviendo en modo "vamos a morir". Pero, al final, esas escenas terroríficas solo existen en nuestra cabeza.


En fin, cosas de desarrolladores...


Y cuando por fin bajamos la guardia, dejamos de perseguir soluciones. Ahí es cuando, pluf, aparece la inspiración.


Ya conocemos las manías de las buenas ideas. Son como la lluvia cuando sales sin paraguas. Nunca están cuando las buscas. Solo esperan a que dejes de buscarlas.


A mí me encontró bajo los rayos de sol. Flotando en la piscina. En esa misma agua que intento alejar lo máximo posible de mi teclado.


Y, por primera vez, no pensé en el calor.


Me fijé en el agua. En su aparente quietud. En su capacidad de amoldarse a cada recipiente y colarse por cualquier rendija. Tan maleable que cabe en un vaso. Y tan inalcanzable que se te escapa de las manos.


Refleja el color de lo que la rodea. Y te hace dudar si el agua de esta piscina es amarilla... o si tan solo es el color del fondo.


Y me di cuenta de por qué los taoístas llevan siglos hablando del agua.


Parece débil.

Pero atraviesa montañas.

No lucha.

No compite.

No intenta imponer su forma.

Simplemente encuentra un camino.


Entonces pensé en el código.


Cuatro instrucciones no son nada. Apenas una gota.


Pero millones de gotas juntas mueven empresas. Hospitales. La vida de miles de personas.


Eso sí, cuando empiezas nunca sabes si acabarán convirtiéndose en un maremoto... o simplemente en agua estancada.


Y me pregunté si llevamos décadas inventando patrones, arquitecturas y metodologías... para acabar redescubriendo, con nombres nuevos, principios que el agua lleva enseñando desde hace siglos.


Quizá no era el agua la que se parecía al código.


Quizá era el código el que, sin saberlo, siempre había intentado parecerse al agua.


Y quizá llevamos toda la vida creyendo que aprendíamos a programar... cuando nuestro editor de código siempre fue el laboratorio más extraño donde poner a prueba, una y otra vez, las mismas lecciones que Lao Tse descubrió simplemente observando un río.


Be water.


Y ahora sí...


Al agua, patos.

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