El primer chispazo
Hace tiempo pensaba que el desarrollador se hace. Hoy sé que nace.
Y después se le añade pimienta y sal: los años, los errores, los deploys que fallaron. Eso no te construye desde cero; sazona algo que ya estaba ahí.
Porque hay una señal que no se aprende: la satisfacción de empezar algo desde el vacío.
Creer en una idea antes de que exista y garabatearla en un papel. Poner orden en el caos, controlar y medir. Y, cómo no, sentir que el teclado ya no es una herramienta, sino una extensión de la mano que piensa.
Y mientras el sonido sordo del ventilador te acuna, ya no sabes si estabas jugando o trabajando.
Yo también me enamoré de ese futuro: dos pantallas, un teclado, y esa idea que no me dejaba dormir.
Ese amor no se va. Solo cambia de estado con los años, como en cualquier pareja.
Y aunque pasen los años y las mariposas se vayan volando, siempre queda ese papel garabateado que me devuelve al origen de ese primer chispazo.
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