TeclitasZen

Madre dev multitasking que compila intuiciones

TRADUCTORES DEL TRADUCTOR

Cuando estudiaba, imaginaba que mi trabajo estaría bien hecho si recibía instrucciones y las aplicaba.

Siempre creí que programar consistía en aislarme del ruido social.

Qué ingenua.

Y cuando empecé a trabajar vi que los desarrolladores éramos como esos intérpretes que acompañan a dos personas cuando no hablan el mismo idioma.

Traducíamos ideas a un lenguaje que las máquinas pudieran comprender. Compilábamos las expectativas del cliente, del arquitecto, del jefe, de cualquiera que pasara por allí.

Con el tiempo descubrí que, además, éramos psicólogos y detectives. Que una parte enorme de nuestro trabajo consiste en entender a las personas. Escuchar, preguntar, interpretar lo que dicen... y, sobre todo, lo que no dicen.

Porque entre humanos damos demasiadas cosas por supuestas. Y entre desarrolladores, aún más. Hay frases que ni siquiera terminamos porque creemos que el otro ya las ha entendido.

Pero las máquinas no viven de los sobreentendidos.

↳ // no aceptan valores implícitos

Para hablar con ellas tenemos que hacer justo lo contrario: volvernos lo suficientemente "tontos" como para no dar nada por hecho. Desmenuzar cada detalle. Hacer explícito lo que para nosotros es evidente.

Y eso, curiosamente, es una de las partes más difíciles de programar.

Ahora ha llegado la IA.

Muchos piensan que ha sustituido al traductor.

Yo creo que simplemente nos ha puesto a traducir al traductor.

Sigo siendo psicóloga y detective, pero ahora con una doble personalidad de tonta: la que finge no entender a las personas y la que se obliga a no dar por hecho nada de lo que la máquina acaba de escribir.

Y sigo preguntándome una y otra vez:

—¿Y si...?
—¿Qué ocurre en este caso?
—Eso no.

La IA nos ahorra tiempo escribiendo código, pero nos obliga a invertir mucho más tiempo desconfiando de él.

↳ // coste de confianza > coste de escritura

Quizá nunca fuimos programadores de máquinas.

Quizá siempre fuimos traductores de personas.

Y ahora, sin haberlo pedido, traductores del traductor, custodiando la frontera.


Somos la DMZ entre dos mundos.

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